Especial

Artes escénicas en Medellín: Espacios de libertad al servicio de la memoria

El teatro es tan infinitamente fascinante, porque es muy accidental, tanto como la vida”, decía el célebre dramaturgo estadounidense Arthur Miller, al referirse a las artes escénicas. En Medellín y su área metropolitana, el desarrollo de estas últimas ha sido lento y gradual. Las recientes décadas han visto surgir cuantiosos colectivos, además de evidenciar la consolidación de una amplia propuesta profesional a nivel local. Como afirma Cristóbal Peláez, director del histórico Teatro Matacandelas, los teatros en la ciudad han sido agentes que han dinamizado la participación y la convivencia. El ser humano no se desprende de la necesidad de representarse y es así como el arte ha cumplido una función de memoria e historia social.

Por: Laura Jaramillo Arango

“Para mí, los teatros son oasis donde festejamos la vida, aunque a veces nos encontremos un sinsentido de ella. En ocasiones, los teatros son trincheras para escapar del terror que nos produce el ‘afuera’”, expresa Carola Martínez, directora del Teatro La Hora 25, “son espacios de libertad donde uno piensa que sí es posible crear otras cosas”.

Luego de varios años, precisamente durante este mes de marzo, Bogotá vuelve a ser sede del Congreso Nacional de Teatro, que espera contar con representación de todo el territorio. La primera versión de este evento, en la década de los 90, fue fundamental para organizar el país teatral. Juan Pablo Ricaurte, director de la revista A Teatro, refiere como a finales de los 80 - principios de los 90 y más o menos hasta 2005, fue un período bastante próspero para las artes escénicas en Colombia. En el Valle de Aburrá se manifestaron distintas formas de hacer teatro, se conformaron grupos importantes y los existentes fortalecieron sus estéticas propias.

Seres de teatro en una urbe rodeada de montañas

De la llamada Brigada de Teatro, integrada por estudiantes de la Universidad de Antioquia y la Nacional, y de otros grupos estudiantiles, salieron influyentes personajes del teatro local. Seis personas pertenecientes a dicha asociación crearon el Pequeño Teatro (en 1975), lideradas por Rodrigo Saldarriaga, hombre político, lector y apasionado. Fue la primera agrupación de la ciudad que abrió un espacio con temporada permanente. En 1994 inauguraron en la actual sede la sala que hoy lleva el nombre de su fundador y desde hace 16 años presentan sus funciones de entrada libre, con aporte voluntario.

Por su parte, Cristóbal Peláez, director del Matacandelas, relata como este teatro recibió en sus orígenes la herencia de esos agitados movimientos de la época de los 70. Desde entonces, llevan 39 años de actividad continua y cerca de 55 montajes. Como muchos, comenzaron itinerantes y en sedes de otras instituciones; hace más de un año, hicieron una notable renovación a la casa que los alberga.

Otro de los memorables hombres del teatro local es el maestro Gilberto Martínez, fundador de la Casa del Teatro de Medellín, en 1987. Además de la institución como tal, uno de sus valiosos legados es la biblioteca especializada en artes escénicas, bautizada con su mismo nombre. Una colección única, que según Ricaurte, director de A Teatro, es una de las mejores en Latinoamérica.

‘Hijo’ de esos pioneros y de la incipiente tradición teatral paisa, el maestro Farley Velásquez instauró el Teatro La Hora 25, con la obra Estados de condena (1994). “Un teatro de pensamiento y del estudio de la condición humana, para entendernos un poco”, explica Carola Martínez, actual directora. Unos años más tarde, nació la Oficina Central de los Sueños (1997), como un proyecto de ciudad: “no creo que cumplamos 20 años solos, somos el reflejo del esfuerzo de muchas entidades”, asegura Jaiver Jurado, director de Oficina Central, en cabeza de Medellín en Escena.

En los 90, la ciudad mostró que se podía transformar a través del arte y la cultura, es ahí cuando colectivos como Barrio Comparsa y la Corporación Nuestra Gente, se fortifican a modo de resistencia. “La idea era tomar el espacio público, lo único que nos pertenecía y nos lo estaba quitando la violencia”, comenta Ricaurte. También se destaca la aparición de grupos como Imagineros, El Fisgón, La Mosca Teatro, De Ambulantes, Ex Fanfarria Teatro, con Juan Manuel Freidel, entre otros. El director de A Teatro concluye que hoy en día Medellín es una ciudad de muchos artistas, que debe ser escrita, analizada e historiada.

Humor con sentido

Cristina Toro, de El Águila Descalza, cuenta que en 1984 Carlos Mario Aguirre inauguró su primera sede, para siete espectadores. Ella llegó al año siguiente, y desde entonces han creado más de 40 espectáculos. A raíz de su éxito con País paisa, en 1986, comenzaron sus giras nacionales e internacionales. Su Teatro Prado, además de ser Patrimonio Cultural de la Ciudad, tiene programación permanente desde 2000, especializado en el género de la comedia. Es así como estos personajes se han convertido en referentes del humor local y a nivel país.

Así mismo, Germán Carvajal, director de El Teatrico, con respecto al desarrollo del humor, afirma que han crecido las propuestas, especialmente el formato del stand up comedy. “En 1993, estábamos concluyendo la guerra más sangrienta en la historia de Medellín. El miedo hacía de la ciudad un escenario temible, la circulación de grandes artistas y espectáculos era casi nula. El teatro hacía frente a la violencia en las comunas y el humor era protagonista en los medios nacionales. Cuando nació El Teatrico (2012), el mapa cultural era distinto: la ciudad ya contaba con una Secretaría de Cultura, programas de apoyo, más eventos y nuevos escenarios”, dice.

Entre esos lugares que le dan rienda suelta a las risas, también se resalta La Casa de Crisanto, el sueño del comediante Crisanto Alonso Vargas ‘Vargasvil’. Sitio que desde 2007 he recibido artistas de talla mundial, exhibiendo variadas temporadas y distintos espectáculos.

“Hace 25 años, Colombia reía en antioqueño. En teatro con El Águila Descalza, en la radio con Los Marinillos y El Manicomio de Vargasvil; en televisión con Jeringa y Tola y Maruja. Después de un tiempo, irrumpió el stand up comedy y los capitalinos se hicieron protagonistas. Hoy retomamos el liderazgo con figuras como: Luz Amparo, Lokillo, Suso ‘El Paspi’, Frank ‘El Flako’ y otros comediantes, que se caracterizan por su versatilidad”, concluye Carvajal.

Los muñecos, tema serio       

“A través de los muñecos se expresan muchas cosas. Un títere bien manejado, le llega a la audiencia de manera impresionante”, manifiesta Liliana Palacio, directora de Manicomio de Muñecos. Este teatro de títeres inició en 1975, cuando La Fanfarria era el único grupo profesional dedicado a este tema. Sin embargo, Medellín poco de títeres tiene, comenta Palacio, quien explica que Manicomio ha tardado 43 años en formar un público, que ha sido fiel en el transcurso de su historia. La idea es gestar nuevas promociones de titiriteros profesionales, para así fortalecer el gremio y dejar un relevo generacional. Uno de los logros más notables ha sido la permanencia del Titirifestival, festival internacional de títeres, que luego de 17 ediciones, para este año le apostarán adicionalmente a una primera versión para adultos, “con un programa bastante profesional, queremos mostrarle a la gente que los títeres no solo son para niños”, agrega Liliana Palacio.

En cuanto a las temáticas propuestas, se evidencia la investigación y exploración de estilos y autores por parte de cada colectivo, llegando de este modo a unos imaginarios particulares. “Nosotros entendimos que hay público para ver tragedia griega, dramas, comedia contemporánea, Shakespeare… Rompiendo un poco el estigma de que al paisa solo le gusta el humor”, manifiesta Andrés Moure, director académico de Pequeño Teatro. Juan Pablo Ricaurte, de A Teatro, concuerda en que los grupos han sido fieles a sus búsquedas, “en esencia, ya sea una adaptación o un trabajo propio, el tratamiento de los temas siempre ha sido nuestra realidad”.

La labor incansable de cada una de las agrupaciones, entidades y personas que se han dedicado a nutrir el teatro local, es de resaltar y ha sido de importancia en su medida. Gestores culturales como Ateneo Porfirio Barba Jacob, con eventos como el Festival Colombiano de Teatro; La Polilla y su Mímame; Teatro El Trueque, el Teatro Popular de Medellín, Teatriados, Elemental Teatro, los títeres de Jabrú; la Barra del Silencio, la Rueda Flotante, Arlequín y los Juglares, con su hogar reciente y Carlos Álvarez con su Circo Medellín. “Los pioneros le mostraron a la ciudad la posibilidad de hacer teatro”, dice Jaiver Jurado, director de Oficina Central de los Sueños y Medellín en Escena. Carola Martínez, directora de La Hora 25, declara que todo grupo de teatro que tenga su sala abierta, así no tenga sala, ya es de todos los respetos.

Las luchas   

Muchos de los partícipes del sector cultural exponen como la Ley 1819 – Cambios para las entidades sin ánimo de lucro – y la Ley 1834 – De economía naranja – han ahogado al mismo sector, dificultando los procesos. “El movimiento teatral ha sido abanderado de la lucha con el Estado en su obligación de velar por la existencia del arte y la cultura en Colombia”, agrega Andrés Moure, director académico de Pequeño Teatro.

Sobre el tema de las audiencias, el público continúa siendo pequeño pero en incremento, cada espacio tiene sus espectadores. Cautivar a las personas, es un trabajo paulatino y exigente, que requiere dedicación y sobre todo, bastante creatividad. Los diferentes programas de formación también han sido claves en ello, así como la segmentación de los visitantes: es necesario entender para quiénes son los montajes, con el fin de no saturar a los asistentes, dice Giovanni Upegui, director de Gestos Mnemes.

A su vez, Ricaurte dice que aunque hay esfuerzos no se ha logrado equilibrar la relación entre creador, Estado y ciudadano, haciendo que este último consuma, tema que trasciende el hecho de tener o no recursos para invertirlos en arte y cultura. “La gran problemática heredada es no alcanzar la sostenibilidad, es cómo cada quien: artista, Estado o consumidor, contribuye. No sé si los individuos le están dando la importancia al arte y la cultura, y en últimas, es para ellos que se trabaja”, asevera.

Trabajo mancomunado

En 1994, se crearon el Ministerio de Cultura y la Ley General de Cultura, y en un acuerdo con alcaldías y gobernaciones, se dio origen al programa de Salas Concertadas. Para entonces, había cerca de 14 salas en la ciudad, actualmente son unas 35, de grande, mediano y pequeño formato, 29 de ellas Concertadas. Por parte de los grupos, se cuenta con aproximadamente 170 en el Área Metropolitana.  

Los organismos asociativos surgen ante la necesidad de reconocimiento e intermediación. Algunos de los principales son el Consejo de Teatro, a nivel local; ANDE – Asociación Nacional de Directores Escénicos – en Colombia, y ATRAE - Asociación de Trabajadores de las Artes Escénicas – con 25 años. Fundamental, Medellín en Escena, que existe desde hace 17 años, y a la que pertenecen 30 salas del Valle de Aburrá. Esta última organización ha realizado certámenes como la Molienda Teatral, la Semana del Teatro y la Fiesta de las Artes Escénicas, con 13 ediciones. Anexa a Medellín en Escena, se encuentra Antioquia en Escena, con 14 salas, a nivel departamental.

Iniciando los años 2000, surge en Medellín la Secretaría de Cultura Ciudadana, produciendo transformaciones relevantes en el ámbito cultural. La instauración de los programas profesionales en Artes Escénicas y de las escuelas de teatro, contribuyó a la profesionalización del oficio, la academia innegablemente genera una estructura necesaria. Importantes también los esfuerzos de publicaciones como el periódico Medellín en Escena y la revista A Teatro, con 22 años, encargados de difundir todo lo relacionado con la actividad escénica y proponer un espacio de reflexión e investigación.

La escena departamental   

Un ejemplo de lo que ha sido el teatro fuera de Medellín, es la corporación Gestos Mnemes, de Bello. Inició hace 17 años, movilizando a la población a través de lo lúdico y la teatralidad. “El arte tiene que salir a la calle y hacer amigos”, expresa Giovanni Upegui, director. Hace poco inauguraron su nueva sede en el municipio, con apoyo de la comunidad.

“Se ha dado un cambio significativo, antes la movida teatral se reducía al Centro de Medellín, donde residen la mayoría de entidades con más trayectoria. Pero en los últimos 15 años se produjo un movimiento distinto”, relata Upegui. A partir de la antigua EPA – Escuela Popular de Artes – muchas personas se especializaron, y posteriormente regresaron a sus regiones. Hoy hay manifestaciones teatrales en todas las subregiones del departamento, con gran auge en el Oriente Antioqueño y en el Urabá; Bello tiene tres Salas Concertadas y Envigado su festival. “Juntarse, reconocerse y expandir y descentralizar la oferta de Medellín, han sido aciertos”, finaliza el director Giovanni Upegui.  

El teatro, la vida

Andrés Moure, de Pequeño Teatro, piensa que lo que hay que cambiar es el concepto de diversión que tienen las personas, “divertirse no es solamente reírse. Si te pones a llorar, a pensar frente a lo que está pasando en el escenario, te estas divirtiendo. La gente necesita teatro”.

De igual manera, Jaiver Jurado indica que el teatro aporta intangibles: emociones, construcción de memoria, pensamiento, ciudadanía y civilidad. “Como diría García Lorca, un pueblo que no fomenta su teatro, si no está muerto, está moribundo”. 

Fecha: Todo el mes  |  Detalle de Fechas
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